el gran día
Cuando todo parecía indicar que el cumpleaños había pasado y que no se hablaría mucho más del tema llegó el día de la fiesta! nada formal, cenita en petit comité, -que tampoco tan petit- por aquello del espacio. risas y vinos entre croquetas y chistorras, -que no chisteras-, tempuras, champiñones, quesitos, anchoas y algunas cosas más que dicho vino y dichas risas no me permiten recordar. luego la llegada del resto de los convidados que alcanzaron a superar los treinta (número importante en la celebración, sin el cumplimiento del cual hubiera parecido un mal augurio). y con ellos, regalos, abrazos, música, fotos y besos, mismos no tan maravillosos como los del novio, pero no menos agradecidos. viajes desde el vino a los cubatas con escala en aguna calada de maravillas marroquíes. blablablás con unos y otros y una sonrisa constante de esas que te salen cuando lo bueno ha superado las espectativas y ni siquiera uno o dos berrinches del típico asistente incómodo logran apagar.
después la migración a otro local para llegar, como en todo festejo aniversarial que se precie...a lo que en su día debió ser un bals y hoy se ha convertido en un brincoteo de un pie a otro con el tecno de fondo. y ahí más fotos. más besos, más risas y más de todo lo bueno. y una vez más a la calle a decidir la siguiente parada, para finalmente ceder y terminar en un señor antro bailando nuestro último aliento.
día completo. poco más de un día, en realidad. con la cabeza por fin en la amohada, junt
o a la del novio, como todas las noches desde hace un muy buen tiempo ya, esperando el momento en que al día siguiente, la tele y el sofá sean casi el único contacto con el mundo exterior. sin poder quitar, todavía, la sonrisa que empecé a poner al principio de la noche.

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